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El estrés es la respuesta de adaptación de las personas a las demandas que nos hace nuestro entorno, los llamados factores de estrés, y que pueden ser muy diversos, desde exceso de frío o calor, enfermedades, fatiga... pero también el miedo, la pena, el éxito y el fracaso.

Estar sometido a estrés durante un periodo de tiempo produce una serie de alteraciones tanto a nivel físico, como psicológico y social. Normalmente, lo que suelen describir las personas que se definen como "estresadas" es un estado de cansancio, de tensión nerviosa y de agotamiento, también mental. No obstante, el estrés es necesario para adaptarnos a todas estas exigencias del entorno, y por tanto, nos ayuda a sobrevivir. Sí puede suceder que, si nuestro nivel de exigencias es muy elevado, el estrés se mantendrá durante un tiempo tan prolongado que esos cambios en nuestro organismo nos llegarán a afectar de forma negativa (vulnerabilidad a enfermedades, cansancio excesivo, cambio del estado del ánimo, peor rendimiento, etc.).

El estrés forma parte de nosotros desde el comienzo de nuestra historia evolutiva, donde nuestros "retos" eran un tanto diferentes. Los reflejos que ayudaban a nuestros antepasados a hacer frente a los ataques de los animales salvajes o de las tribus enemigas, son los mismos que se activan cuando nos disponemos a participar en una carrera, a actuar en público o a cumplir un plazo en el trabajo. Esta reacción de huida o lucha era lo que marcaba la diferencia entre morir y seguir viviendo. En la actualidad, las causas del estrés han cambiado radicalmente, pero la respuesta primitiva del ser humano ante ellas ha permanecido.

La diferencia está en que esta respuesta física de lucha o huida no nos sirve para afrontar la gran mayoría de los retos a los que nos enfrentamos. Ello desencadena una gran energía y tensión que no siempre utilizamos o sabemos liberar. Esta presión puede llegar a acumularse y, a la larga, conducirnos a un estado de agotamiento y malestar. Para poder evitarlo, es importante aprender a reducir esa tensión (mediante ejercicio físico por ej.) o bien a "desconectar" ese estado de activación a través de alguna técnica de relajación.

Pero, ¿por qué ante una misma situación una persona puede estar agobiada y otra en cambio motivada y estimulada? Porque nuestra personalidad y nuestra forma de percibir las cosas, son determinantes para vivirlas como positivas o como una fuente de estrés. Por ej: ante una nueva oportunidad de trabajo, una persona podrá vivirlo como un reto y estar motivada para el cambio, mientras que otra puede llegar a experimentar una gran ansiedad si piensa que no va a estar a la altura. De ahí que una autoestima fuerte es un gran protector contra el estrés.

Para finalizar, decir que aunque es importante aprender a reducir los niveles de estrés a los cuales nos vemos sometidos, es aún más importante saber gestionar y controlar nuestras reacciones ante él. Eso es lo que verdaderamente nos dará seguridad para afrontar cualquier reto y a no caer en la enfermedad.

 
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